
Cine iraní. No sé si es que no han descubierto cómo iluminar bien las películas, pero a mí, en cuanto empiezo a verlas, me entra la angustia. Ese realismo tan real, ese mundo tan agobiante, en el que la población vive afligida desde la cuna hasta la caja de pino, me da yuyu.
Lo de la mujer llamando por teléfono a la oficina de asuntos religiosos, para averiguar si puede cambiar los pantalones orinados a un anciano con Alzheimer, sería un chiste buenísimo en cualquier comedia de no ser porque es una trágica verdad. Cosas como esa, tan de sentido común en nuestra civilización, te dejan tan sacudido que no puedes hacer otra cosa sino sentirte agradecido por vivir donde vives.
Me gustó el inicio (un plano fijo en el que queda expuesto toda la trama) y me encantó ese plano de la hija, llorando por dentro, en el asiento trasero del coche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario